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ISSN 1989-4163

NUMERO 128 - DICIEMBRE 2021

 

La Casa... Definitivamente Apagada

Ramón Asquerino

 

«Y voy corriendo hacia la luz,
hacia la habitación que está encendida,
y rompiendo a callar mientras dice mi nombre.
—Hola, Luis, ¿cómo estás?»
La casa encendida: Luis Rosales

 

«la ceguera inmediata y el corazón vestido de [luto,
 los harapos y el mar, solos,
noches de naufragios bajo silencios de pianos
y ásperas caricias»
Patricia, 1906 (Trilogía)
Y III: «La verde soledad del agua»

 

A la calle doctor Barraquer 3, 3ºA; Córdoba

*

Hemos amanecido destemplados
por esta brisa que ni conoce
ni te llama, apagada por un cielo
de pájaros quebrando auroras,
oscuros latidos de estaciones,
andenes muertos de esperar.
—Tu silencio eterno me soborna la memoria—.

Y mientras, supura
La casa…definitivamente apagada,
el tímido aullido ciego
de los timbres; tus llaves,
que ya no abren ninguna puerta,
están rechinando sin dientes
donde escarbar tu descanso
de ceniza y tierra,
donde no crecen las palabras,
en esta tarde indescifrable
de canela, jengibre y manzana,
confiscada de caricias.

Tu casa apagada definitivamente
mientras te mueres más aún
entre cuevas de cenizas,
locas por llamarte.
Y el Tiempo, saciado de envidia,
pone en tu frente candela
y tabaco.
Los pájaros del alba,
encendidamente soñolientos,
esperarán brindar contigo
sus copas vacías al aire
y sostener el calcio de tus huesos.

Dormita aún el patio,
lento, en manga corta,
despidiendo el afán del calor
suicida del mediodía,
cuando los pájaros, cansados
de tanto azul,remonten
el dichoso acantilado de mi insomnio
mientras se apaga la luz
ante tus párpados maduros
por la trastienda de tu casa,
durante esta Córdoba
que pasea un nido de miedos
y distancias sin ti.
¡Cuánto tiempo no nos pensamos juntos!
Y qué tristemente a gusto
permanecemos aquí tu silencio y tú,
enamorada de una juventud polvorienta
entre libros y flexos, lunares en tus ojos,
dédalos para tu mirada,
bajo este nuevo temblor de pájaros
bajorrelieve al madrugar la suavidad del aire.

La noche juega a las sombras alternas
—el timo perfecto de la memoria—,
y la conciencia, disfrazada de terraza,
me altera las fechas en que
te me mueres dos veces al día.

 

 

 


 

 

Calla la noche

 

 

 

 
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